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En el Laberinto del Fauno (y V)




Tenemos a la niña, que usa la tiza mágica para escapar de su cuarto y llegar al del Capitán. Y tenemos al monstruo, que se cree seguro y sin rival. Este monstruo ha subestimado a Mercedes, el ama de llaves, y a Ofelia, pensando que no tienen poder suficiente como para enfrentarse a él, por la sencilla razón de que nadie lo tiene. Recuerda que, en este preciso instante, él todavía no sabe que los maquis han salvado a Mercedes y han matado a un puñado de sus oficiales; y, por supuesto, tampoco sabe que la niña está oculta en algún lugar de su habitación, esperando el momento para rescatar a su hermano.


Es muy significativo que Ofelia utilice la droga del médico para acabar con el Capitán, ya que es lo más “mágico” que puede encontrar en el mundo de los adultos. No entiende cómo, pero sabe que esa pócima puede hacerle dormir o, al menos, atontarle. Utiliza, además, una treta aprendida de su andadura fantástica, lo que nos indica que ha madurado gracias a ella: para poder llevarse a su hermano, tiene que “meter la medicina en la boca del Capitán”, como ya hiciera con las tres piedras de ámbar para vencer al Sapo.

Consigue embotarle, pero el monstruo se mantiene en pie. En su lucha por seguir consciente, ve a la niña con el bebé en brazos, delante de él… desafiante. Le vemos con dificultades para andar, como un animal herido, y en verdad lo es: acaba de enterarse de que varios de sus hombres han muerto, y hay más maquis de los que él creía acechando el molino. Pero sigue vivo, vaya que sí, y no piensa dejar que le arrebaten a su descendiente. Empieza una carrera enloquecida, entre tinieblas sólo iluminadas por las explosiones del ataque de los maquis. La fuerza física del Capitán, así como su poder, se debilitan por momentos. Y entran en el laberinto.


Aquí, la magia y la realidad se dan la mano de una forma deliciosa, en el momento en que el propio laberinto ayuda a la niña a escapar, porque incluso las paredes de piedra la reconocen como princesa, y es su deber hacer lo posible por que vuelva a su reino. Esto es lo que sucede si lo vemos desde el punto de vista de Ofelia, de manera fantástica, mientras que hay una explicación racional a este mismo hecho: el aturdimiento del Capitán por la medicina, unido a que la niña ya conocía el camino por haber ido más veces, hacen que ella llegue primero.

Dejemos al monstruo vagando por los pasillos y vamos al centro; allí nos espera un gran desenlace. El Fauno la recibe, con los brazos abiertos y la daga de oro que ella misma consiguió. Ofelia le apremia, porque la persiguen, y él dice que la única forma de entrar en el mundo de fantasía es derramando la sangre de un inocente; por tanto, el bebé tendrá que ser sacrificado.


No. Ésa es la respuesta. Ella ha crecido, y se ha dado cuenta de que su hermano no tiene a nadie más. Además, le prometió una vida mejor, lejos del odio adulto. Ahora el niño es su responsabilidad, y no va a permitir que le pase nada malo. Ni siquiera por ser de nuevo la princesa que un día fue. El Fauno se lo reprocha: ella había prometido obedecer sin rechistar. Pero, igual que el médico en su momento cumbre, la niña se rebela contra una orden indigna. Y él se retira.

El Capitán ha llegado al centro del laberinto y, sin saberlo, ha presenciado el final de la conversación. Y digo sin saberlo porque, como bien recordarás, sólo ve a la niña, con el bebé en brazos, de espaldas a él. El Fauno es invisible a sus ojos. Ofelia está sola. Y se acerca a ella, le arrebata al niño y, sin más contemplaciones, la mata.


Pero no acaba con ella. Ése ha sido el último obstáculo, el último mal trago que debía pasar para demostrar quién es realmente. Al dar la vida por su hermano ha demostrado que está preparada para ocupar su lugar como princesa, en un mundo donde al fin puede vivir en paz con sus padres y, sobre todo, con ese niño al que le prometió un día que sería príncipe.

Ignorando todo esto, el Capitán sale del laberinto con la criatura, para encontrarse con que su poder ha acabado. Intenta imitar a su padre, para que su hijo le recuerde como un héroe, pero Mercedes se encarga de darle el golpe de gracia: el niño no sabrá ni que existió. Cuando le disparan, el Capitán ya está muerto. Con ese disparo, como con el corte en la boca, nos muestran su naturaleza monstruosa. Y esta vez, además, no lo puede camuflar.


Me gustaría, como conclusión, presentarte una teoría desarrollada por Mr. Forfy y por mí.

Ofelia, con su dulzura y su fantasía, es para nosotros la inocencia, que no puede luchar contra el odio de la guerra, y muere en sus manos. Pero no está todo perdido. La esperanza, ese hermano que ha protegido con su vida, pasa a los hombres cuando el conflicto se acaba.

Como bien dice Mr. Forfy, podemos considerarlo también como el cambio a la democracia, cuando el poder pasa de manos del fascismo (el Capitán / UNO) al resto del pueblo (los maquis / TODOS). Esta idea, aunque cobra más fuerza cuanto más pienso en ella, me parece demasiado específica. Creo que no es casual que todos los maquis estén tras Mercedes cuando ella recibe al bebé, pero no veo ahí a la democracia en concreto, sino algo más general: la posibilidad de un futuro mejor. Incluso puede que el bebé, cuando crezca, recuerde algún cuento de hadas de su hermana mayor, permitiendo así a los hombres recuperar un poco de lo que ella representaba.

Todas las pistas están ahí… para el que sepa dónde mirar.



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