En el Laberinto del Fauno (III)

Siguiendo el pasillo llega a la sala principal. La tentación no es oro ni joyas, sino que, en época de racionamiento, es un gran banquete. Todos los manjares que hay en la mesa están custodiados por el Hombre Pálido, que no reacciona ante la llegada de Ofelia.

A pesar de su aspecto, ella no le tiene tanto miedo como cabría esperar. Tiene la marca en su hombro, ha superado la primera prueba; es la elegida. Se siente segura en ese mundo porque puede solucionar los problemas que hay en él. Por eso, incluso se atreve a coger el platito con los ojos de debajo mismo de las narices (ehm… es un decir) del terrorífico vigilante. Pero ve los frescos de las pareces. Ve la crueldad del ser que está en la mesa con los niños, como una advertencia. Y luego, una imagen, que no por su aparente inocencia deja de ser escalofriante: un gran montón de zapatos(*).
En esta escena, el Hombre Pálido personifica un poder malvado: mientras la niña no ceda a la tentación de la comida, todo irá bien. Las pinturas son un aviso de lo que puede ocurrir si no obedece; pero, al fin y al cabo, son sólo dibujos. Es el montón de zapatos lo que realmente le da miedo. Son un símbolo de la consecuencia más fuerte del fracaso en esta prueba: su camino terminará aquí.La confianza en sí misma se tambalea. Se acerca a las cerraduras, e intenta hacer caso de las hadas, pero se equivocan. Ella adivina cuál es la cerradura correcta, y eso la tranquiliza. Consigue la daga sin problemas, y piensa que sus temores de momentos antes no tienen ningún fundamento. Ése es su error.

Perséfone, durante su secuestro en el Inframundo, no podía comer ni beber nada, y unas semillas de granada la relegaron a las tinieblas para siempre.
Nuestra niña tropieza en la misma piedra. La culpa esta vez no es de unas semillas de granada, sino que son dos jugosas uvas las que despiertan al Hombre Pálido de su inmovilidad. La amenaza se activa en el momento en que ella se deja llevar por la confianza en sí misma, y piensa que lo tiene todo bajo control. Las consecuencias nefastas que puede tener el desobedecer en la realidad de los adultos se reflejan, en el mundo de fantasía, en esta encarnación del oscuro Saturno de Goya.

Digo que las hadas pueden representar a los tres humanos que ayudan a Ofelia por dos razones: la primera, la dirigen y ayudan en esta misión escalofriante, en que ella sabe que hay peligro, pero en un principio no lo ve de forma directa, sino por los frescos en las paredes (como en el molino, donde intuye que el Capitán es cruel por la forma de comportarse de sus habitantes, pero no porque ella le haya visto serlo); y la segunda, porque en el momento en que la niña abusa de su poder como princesa y se mete en problemas, las hadas intentan ayudarla arriesgando su vida. De hecho, mueren dos de ellas. En el mundo adulto, cuando se descubre que la niña ha colocado la mandrágora debajo de la cama de Carmen, su madre, mueren dos de las tres personas que han estado ayudando a la estabilidad de Ofelia: el médico y su madre. Ambos a manos del Capitán, quien dio órdenes estrictas de que, en caso de un parto difícil, salvaran al bebé.

El sentimiento de culpabilidad de la niña hace que merezca no ser la princesa buscada, debido a su desobediencia; esto impide que pueda seguir con la búsqueda de su reino de hadas, por lo que el Fauno está un tiempo sin aparecer. La vida en el mundo “real” se recrudece, ya que la magia, que era lo que atenuaba el dolor y el odio del entorno (simbolizada por la mandrágora) ha sido erradicada por los adultos. El desesperado intento de la niña por salir de este horror, confiando en su última esperanza (el ama de llaves del molino), resulta fallido. En este momento, ella ve que no puede escapar del todopoderoso Capitán, a menos que…
(*).- Dice Bruno Bettelheim que “los predecesores del héroe que mueren en los cuentos de hadas no son más que las encarnaciones anteriores e inmaduras del propio héroe.” (Psicoanálisis de los cuentos de hadas, p. 189). Es justo lo que parece simbolizar el montón de zapatos que la niña ve en un rincón de la gran sala del banquete.
(Comentarios aquí)